Por mucho que lamentes las complejidades de la vida, cambiar el mundo no es tarea fácil. Si el mundo no funciona como tú quieres, quizá lo mejor sea que cambies tú. De esta manera, podrás moverte en él con toda comodidad y sencillez. ¿Sabes? en lugar de salir de tu propio camino e ir a buscar lo extraordinario, ¿qué te parecería vivir más despreocupado y cambiar de una manera sutil tu vida cotidiana, la vida diaria?
La sencillez es un camino seguro, real. Un primer plano en el que se hace visible la sencillez es en la apariencia. ¿Cuánto necesitas “adornarte” físicamente para sentirte cómodo con tu apariencia personal? ¿De qué manera arreglarte o no hacerlo hace que te sientas más o menos presentable? Cuidar de nuestra apariencia es importante. Cómo nos vemos exteriormente también habla de nuestro interior.
Es la imagen que proyectamos al mundo y determina la primera impresión que se llevarán de nosotros muchas personas. Hasta ahí todo es razonable, pero cuando esa presentación personal se transforma en un tema obsesivo, comienzan los problemas. Un toque de vanidad no le sobra a nadie, pero si esto se llena de miedos, inseguridades o grandes inversiones de tiempo y dinero, puede que haya algo más de fondo. La sencillez en la apariencia es auto aceptación y autovaloración.
Una mente sencilla. La sencillez en el pensamiento es lo que generalmente llamamos “sentido común”. Ver la realidad sin tratar de ponerle muchos adornos ni complejizarla innecesariamente. Implica entonces una mirada desprevenida y objetiva sobre lo real. Así mismo, la sencillez mental facilita la comprensión de otros puntos de vista. Reduce o termina con esa necesidad de poseer la verdad, de imponérsela a los demás o de lograr que todos piensen de manera uniforme. Las mentes sencillas aceptan espontáneamente que hay muchos puntos de vista; de esta manera, trasforman el problema en una valiosa fuente de enriquecimiento personal.
Una mente sencilla también se expresa con la naturalidad propia de quien no está interesado en demostrar nada ni en crear mitos a su alrededor. Sus palabras son claras y elocuentes. Sin adornos innecesarios. Sin pretensiones de erudición o marcas de clase social intencionadas. La sencillez hace que expresemos lo que pensamos de forma directa y simple.
La sencillez es una virtud maravillosa y no tan común como debiera ser. La sencillez combina dulzura y sabiduría. Es estar libres de disfraces que garantizan el trato veraz y sin dobleces. La persona sencilla se entrega y el engaño no le puede afectar. El ser sencillo implica no tener dobles intenciones, no tener una mente escabrosa. Quien es sencilla/o, piensa de forma elevada, desde toda esa gama de valores, desde la fe, desde la esperanza, desde el amor incondicional Es uno de esos atributos que adorna a cualquier otro. Siempre está asociada con la humildad y denota nobleza y madurez. Por eso, aunque resulte paradójico, las personas extraordinarias aquellas que vemos que se donan, se entregan desde la humildad, desde la generosidad, no para que las vean o alaben, sino a manera de hacerse uno con el sufrimiento de los seres vivos, son quienes viven esta actitud vital de la sencillez.
Algunos definen la sencillez como la celebración de lo simple, de lo pequeño. En otras palabras, quien es sencillo se muestra capaz de disfrutar de las pequeñas cosas. También las agradece. No tiene ni sus expectativas ni sus ambiciones puestas en lo superficial. Por eso, el primer favorecido con la sencillez es quien la vive. Vivir en sencillez, es ser adaptable y saber aceptarse y aceptar. Estas características llevan a que todo fluya, sin intentar forzar o cambiar su curso. Todo esto favorece la espontaneidad, otra virtud que solamente tiene lugar en las personas equilibradas y saludables. En realidad, la sencillez consiste en hacer el viaje por la vida, solo con el equipaje necesario.
Recordar de dónde vienes, tus primeros aprendizajes de niño, esa ayuda desinteresada que alguna vez recibiste y esos anónimos personajes que llegaron a tu vida en el momento indicado (ni antes ni después) para escucharte, dar un consejo o simplemente compartir una sonrisa., he ahí la sencillez.
La sencillez te hace más cercano ante otro ser humano, ante cualquier ser vivo, como una especie de lenguaje del espíritu en que no se pide nada ni hay expectativas por lo que eres o tienes. La sencillez llega profunda al corazón porque nace desde ahí. La sencillez es un estado de pureza y de bondad en donde el desafío de construir una relación sencilla con uno mismo, es la base para hacerlo con todo ser que respire. Finalmente, si eliges la sencillez te sentirás pleno a cada momento, amarás, sin condiciones.





