sábado, 12 de septiembre de 2026

Elige la sencillez como estilo de vida

 


Por mucho que lamentes las complejidades de la vida, cambiar el mundo no es tarea fácil. Si el mundo no funciona como tú quieres, quizá lo mejor sea que cambies tú. De esta manera, podrás moverte en él con toda comodidad y sencillez. ¿Sabes? en lugar de salir de tu propio camino e ir a buscar lo extraordinario, ¿qué te parecería vivir más despreocupado y cambiar de una manera sutil tu vida cotidiana, la vida diaria?

 

La sencillez es un camino seguro, real. Un primer plano en el que se hace visible la sencillez es en  la apariencia. ¿Cuánto necesitas “adornarte” físicamente para sentirte cómodo con tu apariencia personal? ¿De qué manera arreglarte o no hacerlo hace que te sientas más o menos presentable? Cuidar de nuestra apariencia es importante. Cómo nos vemos exteriormente también habla de nuestro interior.

 


Es la imagen que proyectamos al mundo y determina la primera impresión que se llevarán de nosotros muchas personas. Hasta ahí todo es razonable, pero cuando esa presentación personal se transforma en un tema obsesivo, comienzan los problemas. Un toque de vanidad no le sobra a nadie, pero si esto se llena de miedos, inseguridades o grandes inversiones de tiempo y dinero, puede que haya algo más de fondo. La sencillez en la apariencia es auto aceptación y autovaloración.

 


Una mente sencilla. La sencillez en el pensamiento es lo que generalmente llamamos “sentido común”. Ver la realidad sin tratar de ponerle muchos adornos ni complejizarla innecesariamente. Implica entonces una mirada desprevenida y objetiva sobre lo real. Así mismo, la sencillez mental facilita la comprensión de otros puntos de vista. Reduce o termina con esa necesidad de poseer la verdad, de imponérsela a los demás o de lograr que todos piensen de manera uniforme. Las mentes sencillas aceptan espontáneamente que hay muchos puntos de vista; de esta manera, trasforman el problema en una valiosa fuente de enriquecimiento personal.

 

Una mente sencilla también se expresa con la naturalidad propia de quien no está interesado en demostrar nada ni en crear mitos a su alrededor. Sus palabras son claras y elocuentes. Sin adornos innecesarios. Sin pretensiones de erudición o marcas de clase social intencionadas. La sencillez hace que expresemos lo que pensamos de forma directa y simple.

 

 


La sencillez es una virtud maravillosa y no tan común como debiera ser. La sencillez combina dulzura y sabiduría. Es estar libres de disfraces que garantizan el trato veraz y sin dobleces. La persona sencilla se entrega y el engaño no le puede afectar. El ser sencillo implica no tener dobles intenciones, no tener una mente escabrosa. Quien es sencilla/o, piensa de forma elevada, desde toda esa gama de valores, desde la fe, desde la esperanza, desde el amor incondicional Es uno de esos atributos que adorna a cualquier otro. Siempre está asociada con la humildad y denota nobleza y madurez. Por eso, aunque resulte paradójico, las personas extraordinarias aquellas que vemos que se donan, se entregan desde la humildad, desde la generosidad, no para que las vean o alaben, sino a manera de hacerse uno con el sufrimiento de los seres vivos, son quienes viven esta actitud vital de la sencillez.

 


Algunos definen la sencillez como la celebración de lo simple, de lo pequeño. En otras palabras, quien es sencillo se muestra capaz de disfrutar de las pequeñas cosas. También las agradece. No tiene ni sus expectativas ni sus ambiciones puestas en lo superficial. Por eso, el primer favorecido con la sencillez es quien la vive. Vivir en sencillez, es ser adaptable y saber aceptarse y aceptar. Estas características llevan a que todo fluya, sin intentar forzar o cambiar su curso. Todo esto favorece la espontaneidad, otra virtud que solamente tiene lugar en las personas equilibradas y saludables. En realidad, la sencillez consiste en hacer el viaje por la vida, solo con el equipaje necesario.

 

Recordar de dónde vienes, tus primeros aprendizajes de niño, esa ayuda desinteresada que alguna vez recibiste y esos anónimos personajes que llegaron a tu vida en el momento indicado (ni antes ni después) para escucharte, dar un consejo o simplemente compartir una sonrisa., he ahí la sencillez.


 

La sencillez te hace más cercano ante otro ser humano, ante cualquier ser vivo, como una especie de lenguaje del espíritu en que no se pide nada ni hay expectativas por lo que eres o tienes. La sencillez llega profunda al corazón porque nace desde ahí. La sencillez es un estado de pureza y de bondad en donde el desafío de construir una relación sencilla con uno mismo, es la base para hacerlo con todo ser que respire. Finalmente, si eliges la sencillez te sentirás pleno a cada momento, amarás, sin condiciones.

Sencillez

 

 
Te invitamos a escuchar con el corazón esta pieza “Sencillez” que viene de ese amor infinito de Dios para ti y para todos a quienes la quieras compartir. ¿Sabes? La sencillez es un camino seguro, real. No nos protege de la fragilidad de la existencia, pero sí cambia por completo la forma en que la afrontamos. Entonces la sencillez es vivir en esa actitud sabia, abierta, compasiva sin juicios, generosa, simple, sin máscaras, sin tanto pensamiento que abruma la mente y cansa al espíritu, simpleza que va más allá del miedo y que por no resistir a nada, aunque duela, no hay sufrimiento. 
 
 La sencillez no elimina el riesgo, pero nos despoja del exceso de equipaje emocional y material para movernos mejor en la tormenta. La sencillez no evita la incertidumbre, pero al renunciar al control absoluto (que es una ilusión), nos permite aceptar la vida tal y como viene, con más asombro y menos resistencia. Quien vive con sencillez no busca una vida perfecta y garantizada, sino la capacidad de encontrar paz en lo pequeño, incluso cuando el panorama general es incierto. 
 
La sencillez es una virtud esencial que refleja el carácter de Dios, la humildad y la confianza plena en Él por encima de todo viviendo solamente el hoy, el aquí y el ahora, sabiendo que la mente (nuestra capacidad pensante) se conquista con amor, con respeto, con constancia porque hemos de educarla a pensar sólo lo necesario, lo sabio, lo amoroso, dándonos a esta creación tan mal tratada, buscando siempre la verdad sin ropajes, sin artificios, simplemente, siendo……SER en el Amor compasivo…..

La Compasión: el más alto grado del Amor


 Necesitamos URGENTEMENTE volver a nuestro Origen: Dios, en el cual vivimos, nos movemos y SOMOS. Desprendernos de lo que no somos: ira, miedo, tristeza. Ser como nuestro Creador: DONADORES, darnos, entregarnos como Jesús, sabiendo que ya tenemos todo en nuestro interior para vivir SIRVIENDO sin perdernos en el hacer y el hacer, sino SIENDO AMOR por donde quiera que miremos, hablemos, vayamos, hagamos. SER COMPASIÓN, ¡¡SIEMPRE!! como Jesús, como tantos y tantas, como lo es el Padre Dios, nuestro Abba profunda y totalmente CARIÑOSO, AMOROSO, TIERNO.  

Dios nos cuida y cuidar es sabio, es darnos desde la alegría de ese Dios alegre. Nuestra autoestima ha de permanecer en Él 24 horas al día, pues Él nos da la posibilidad de ser presencia transformadora y comprometernos con la vida, para atravesar y disolver el sufrimiento, aunque muchas cosas duelan pero NO RESISTIMOS nada. En Él podemos auto conocernos de verdad, generando actitudes abiertas y cooperativas y Avanzar JUNTOS en construir un mundo más amable, más pacífico y en armonía. Quizá sintamos insatisfacción con nuestra vida, aislamiento, depresión, ansiedad, soledad, o puede que las diferentes situaciones y relaciones nos sobrepasan. De hecho hay personas que ya han dejado de intentar tener relaciones saludables, íntimas y cercanas, por agotamiento, o sencillamente porque les desborda el alto nivel de aferrarse cada uno a sus creencias, sus pensamientos nada sabios, su necedad día tras día, locura, egoísmo, individualismo e ignorancia que está dañando tanto. 

 Las creencias y los hábitos que nos impiden amarnos bien y plenamente, cuidarnos y cuidar del planeta, surgen de un malentendido: el espejismo de la separación. La mente de la separación nos ha alejado de los principios de abundancia en el amor verdadero, de la generosidad, la reciprocidad e interdependencia que rigen en la naturaleza. En todo momento contamos con la elección de retornar a la interconexión o de separarnos. Los divorcios a gritos nos dicen que ha habido una gran incapacidad para trabajar cada persona en su interior, gran incapacidad para amarse así mismo como Dios nos ha amado primero, gritan una gran CEGUERA INTERIOR, porque no hay vida interior, y se ha querido y preferido vivir desde la superficialidad, desde no entender nada de nada sobre NADA. 

Y seguimos así, porque no somos conscientes de ello y actuamos desde el piloto automático, los hábitos y condicionantes, y nos separamos de nuestro núcleo sano, positivo, vital y relacional como lo es nuestro SER ORIGINAL, pues se nos olvida que venimos del SER que es el AMOR DE TODO LO CREADO: Dios. Cuando vivimos con la mentalidad de separación, no estamos plenamente presentes en la interconexión y perdemos energía, por eso vamos por la vida llenos de ira, de miedos, de tristeza, enfermos de tantas cosas. En cambio, cada vez que vivimos con la mente que percibe desde ESE AMOR SIN CONDICIONES, desde ESE DONARSE, y estamos en presencia plena, en atención plena frente a nosotros mismos, frente a los demás, frente a Dios, nuestro ser se energiza y revitaliza. La interconexión es un estado natural del ser, sin embargo, dejamos de sentirlo al vivir en un entorno que nos condicionó a partir de la infancia. 

Aprendimos a etiquetar, comparar, reaccionar a la vida desde un lugar de desconexión, en vez de percibir desde DIOS, ese ser UNO como el Padre y Jesús, son UNO y quien es la unidad con la vida. Como dirá Rabindranath Tagore : “Dormía y soñaba que la vida era alegría. Me desperté y vi que la vida era servir. Serví y vi que servir era la alegría” Decidámonos a ser compasión: COMPRENDER, que permite que nos conectemos con el otro, con la creación. La compasión es uno de los pilares de la vida de la persona, siendo “cómplices” del AMOR INCONDICIONAL, compañeros en las buenas y en lo que duela, apoyarnos aunque seamos diferentes sabiendo que en el fondo tenemos muchas cosas en común, creando relaciones que florezcan: estar ahí, de pie como María, sin enjuiciar nada ni a nadie, sólo irradiando COMPASIÓN dándose, entregándose y entregando también todo y a todos. 

La compasión nos ayuda abrazar (he de aceptarlo) el dolor propio y ajeno para atravesarlo y trascenderlo, transformarlo para florecer al estilo de Jesús.

Dios, Tú eres el Océano de la Paz

Dios tú eres el Océano de la paz
 
 

Tú eres nuestro Dios, nuestra Paz, nuestro Todo. En ti cobra sentido esta vida, pues sin ti el interior del hombre es un caos. Cuando las cosas vayan mal no te dejes arrasar por ellas simplemente déjate poseer de Dios el Océano de Paz que habita en tu interior. 

Él te renovará y te dará nuevas fuerzas. No olvides que todo pasa, sólo Dios permanece y tú con Él, porque como Él también tú, eres eterno, eterna. Padre, Océano de la PAZ, Gracias por caminar con nosotras en este proceso de SER, hasta llegar contigo, a Casa. 

Filósofas hnas Flor Cervantes y Gema Uranga oblatas benedictinas