domingo, 30 de noviembre de 2025

El Adviento está aquí

 


¡Ya llegó el Adviento!

Ponte en Modo Adviento y dispón tu corazón a una espera activa en el Amor concreto.

 

Vivimos estos días como si el calendario se hubiera convertido en una cuenta atrás hacia una fiesta que no celebramos, sino que compramos. El tiempo que va del Black Friday a la Navidad se ha transformado en una especie de túnel luminoso donde todo invita a la prisa: anuncios que caducan, ofertas que prometen ser irrepetibles, escaparates que nos asaltan como si la felicidad estuviera escondida detrás de un código de descuento. Cada año, la maquinaria comercial anticipa un poco más sus celebraciones: luces encendidas semanas antes de diciembre, músicas festivas que empiezan a sonar cuando el otoño aún no ha terminado, mensajes que nos aseguran que, si no compramos ahora, perderemos una oportunidad que no volverá.

 


Pero el Amor de Dios viene al rescate: «¡Estad en vela!» es la consigna decisiva del Adviento. La hora de Dios no se deja encerrar en calendarios ni en previsiones humanas; llega cuando menos lo esperamos, porque Dios irrumpe siempre de modo sorprendente y desconcertante. Estar en vela no significa vivir angustiados, sino mantener el corazón despierto, libre de rutinas que adormecen y de seguridades que nos vuelven ciegos. Es vivir atentos a los pequeños signos que revelan su presencia: una palabra que ilumina, una necesidad que nos llama, una persona que nos sacude, un silencio que nos abre los ojos. 


Adviento es aprender a no dar nada por supuesto y a reconocer que Dios puede venir por cualquier camino y a cualquier hora. Por eso la vigilancia es una forma de amor: quien ama espera, y quien espera permanece despierto. Así, velando con humildad y esperanza, descubrimos que la hora de Dios no está lejos, sino que se acerca suavemente a nuestra vida, ahí en los más indefensos incluyendo a los animalitos, a la naturaleza, así que en este Adviento, deja que Dios te encuentre justo donde estás: en lo pequeño, en lo sencillo, en lo de cada día. Allí, en lo que nadie ve, Él quiere nacer. Abre tus manos…y permite que la ternura de Dios transforme tu vida para que también otros puedan encontrarlo en ti.

 


Adviento quiere decir tener nostalgia del Amor de Dios. Quiere decir estar en silencio sobre todo interior esperando a Dios que viene en el hermano, en aquél que no acepto, en aquellos seres que he descuidado, y es que Adviento es ponerse en camino amoroso en atención plena para no dejar escapar ninguna oportunidad de amar como Él me ha amado primero. 


Adviento es el arte de hacer espacio, de vaciar el alma con amor, de preparar no una corona de luces, sino un pesebre en el corazón y no para una figura de yeso, sino para los seres a quien aún les late el corazón y entonces el Emmanuel viene….siempre viene, a nuestro frío, a nuestra noche, a nuestro silencio. Lo Eterno quiere nacer en lo pequeño, en lo humilde, en lo humano.


Que esta luz que encendamos nos recuerde que Dios prefiere nacer en un pesebre antes que en un palacio sin amor.

 

Salmo de la Vigilia

 


Señor, hoy enciendo una luz pequeña, pero mi corazón sueña con tu amanecer. Esta llama humilde me recuerda que no estoy solo/a, que Tú vienes, que Tú llegas siempre al rincón donde más te necesito. Despiértame, Señor, porque muchas veces vivo dormido por dentro, corriendo sin rumbo, dejando pasar la vida sin saborearla contigo.Tócame con tu claridad y haz que abra los ojos del alma para reconocer tus pasos en lo cotidiano.

 


Que esta primera vela encienda también mi confianza, esa que he dejado apagar por el cansancio, por las heridas que cargo, por lo que no entiendo y por lo que aún no sé entregar. Ilumina mis sombras, mis miedos silenciosos, mis búsquedas más hondas. Hazme tierra buena para tu venida.

 


Ven, Luz que no decepciona, entra en mi casa, entra en mi historia, entra en mis deseos, y convierte cada rincón frío en un lugar donde Tú puedas nacer. Que esta llama me recuerde que en lo pequeño renace la esperanza, que en lo frágil Tú te haces fuerte,

y que en lo pobre tu amor florece. Ven, Señor. Despiértame. Ilumíname. Enciéndeme.

 


PARA TI que estás leyendo todo esto: Hoy, al encender la primera vela, queremos invitarte a un gesto sencillo pero profundo: mira honestamente tu corazón y pregúntate ¿Dónde necesitas que Cristo vuelva a nacer? ¿Qué luz estás esperando? ¿Qué parte de tu vida anhela despertar, o qué camino quisieras que este Adviento te ayudara a transformar? ¿Qué te gustaría que Dios ilumine en tu vida durante este Adviento?

 


 

EL ADVIENTO ESTÁ AQUÍ….

“Despierta… Dios viene a tu vida como luz que no puedes controlar, pero sí acoger.”

 

“Como en los días de Noé…Por eso, estén preparados, porque el Hijo del Hombre llegará a la hora menos pensada.” Mateo 24, 37-44

 


El Adviento ha comenzado, no como un evento más en el calendario, sino como un latido del corazón de Dios que late en el tiempo. Hemos venido preparando el corazón desde hace días. Despertando deseos. Nombrando heridas. Y ahora… ya es Adviento.

 

Hoy la Palabra nos regala dos imágenes que son como dos manos que nos sacuden el alma: La luz que irrumpe (Isaías) La llegada imprevisible (Jesús) Ambas nos dicen lo mismo: Dios no se deja controlar. Se deja amar.

 


“Despierta… Dios viene a tu vida.” Adviento vuelve a visitarnos…Y mientras el mundo corre, compra, se acelera y se llena de ruido, el Evangelio nos susurra una palabra sencilla pero urgente: “Velen… estén despiertos.” (Mt 24, 37-44) Hoy Jesús no nos habla desde lo extraordinario, sino desde lo cotidiano: desde ese cansancio que arrastramos, desde esa preocupación que no contamos, desde esa rutina que a veces nos apaga por dentro. Él entra justo ahí… en ese lugar donde muchas veces sentimos que la esperanza se nos ha ido apagando.

 


La Primera Lectura lo confirma: “¡Levántate, brilla! Llega tu luz.” (Is 60, 1-2) Adviento es ese momento en que Dios toca la puerta y nos dice: “Despierta, que viene la luz que estabas esperando.” Despertar no es hacer más, es dejar que Él entre. Es abrir espacio. Es desocupar el alma. Es creer que aun en nuestras sombras, Dios quiere nacer.

 

Al encender hoy la primera vela, no solo iluminamos la corona…iluminamos una decisión interior: volver a la esperanza, volver a la vigilancia amorosa, volver al corazón donde Dios quiere renacer. Que este Adviento nos encuentre con una vela encendida, aunque sea pequeña, aunque apenas ilumine… pero encendida. Porque esa pequeña luz es suficiente para que Jesús encuentre el camino hacia nuestro corazón. Encender la vela… y encender la vida. Esta semana, toma en serio la llamada del Evangelio: velar. Vigilar no es “estar tenso”; es estar atento a por dónde Dios pasa. Un despertar al día.


Haz silencio por un minuto y pregúntate: ¿Dónde necesito despertar hoy?

– ¿En mi fe?

– ¿En mi paciencia?

– ¿En mi relación con alguien?

– ¿En mi misión?

– ¿En mi oración?

– ¿En mi forma de amar?

 

Elige una acción muy concreta para vivir ese despertar durante el día.

Algo pequeño, sencillo… pero real.

 

Ejemplos:

– Escuchar sin interrumpir.

– Hacer una llamada pendiente.

– Dedicar 30 minutos de oración.

– Pedir perdón.

– Soltar un resentimiento.

– Sonreír aunque cueste.

– Hacer algo que te acerque a Dios y a los demás incluyendo a los animalitos callejeros, abandonados….Porque cada amanecer es una oportunidad para que Jesús encuentre tu luz encendida.


DESDE MI CORAZÓN….

 

Amado Jesús, en este primer domingo de Adviento vengo con mis cansancios, mis sombras y mis esperas. Despiértame por dentro. Hazme sensible a tu paso y que ame a los demás, a la creación por ellos mismos y no me esconda en eso que siempre he dicho o me han enseñado: Amar a los demás por Dios. Que ame a los demás porque los acepto aunque no me guste como sean, cómo piensen, y aunque me cueste trabajo ayudar a los animalitos que otra gente echa a la calle. Hazme vigilante en el amor.

 


Que la luz de esta primera vela encienda en mí el deseo sincero de preparar tu venida. Entra, Señor…que mi corazón quiere ser Belén para Ti

Y tú, María, la Virgen de la Espera, ayúdanos, enséñanos a velar con el corazón abierto a la sorpresa de Dios.

 


Unidas a ustedes en el silencio que aguarda

Hnas Flor y Gema oblatas benedictinas

 

sábado, 29 de noviembre de 2025

ADVIENTO: Venir a ser como Jesús, Amor incondicional

 


ADVIENTO PARA TU CORAZÓN

 


Adviento: ¡Dios vuelve a encender la esperanza! Es momento para despertar el corazón, volver a mirar nuestra vida desde Dios y abrir espacio para que Jesús nazca de nuevo en lo concreto de nuestro día a día pero hay qué querer RENACER, querer trabajar el interior.

 

Bájale a la velocidad que llevas entre tanto pensamiento inútil y que detona tantos sentimientos que no te ayudan a estar fuerte, estable, alegre en medio de lo que está o viene.  Mantén tu corazón abierto para despertar a lo que Dios está haciendo aquí y ahora. Dios SIEMPRE vuelve a apostar por nosotros, así que atrévete a decirle a Dios:

“Señor, ayúdame a que quiera cambiar lo que me ha hecho tanto daño: mi egoísmo, esta soberbia, los miedos…


 

Él nos recuerda que aún es posible nacer de nuevo; que nuestras luces y oscuridades, nuestras luchas y deseos, no le asustan porque Él sabe que nos hizo luz, paz, amor, felicidad, estabilidad, seguridad, fortaleza, pero todo eso lo vamos ensombreciendo y ahogando por nuestros pensamientos sin fe adulta, inadecuados.

 

Dios ahora mismo te está susurrando: “Déjame llegar allá donde te da miedo. Déjame entrar donde estás sobreviviendo. Déjame encender lo que creías apagado”.

 


 

“ALCEN LA CABEZA… SU LIBERACIÓN ESTÁ CERCA.”

 


“Cuando comiencen a suceder estas cosas… levántense, alcen la cabeza, porque se acerca su liberación” (Lc 21,20-28).

 

Hay palabras del Evangelio que no se leen rápido. Se leen despacio, casi en silencio… porque rozan esos lugares donde guardamos nuestros miedos más profundos.

 


Jesús habla hoy de signos, de sacudidas, de noches que parecen interminables. Y, sin embargo, en medio de todo, pronuncia una frase que es como una caricia:

“Alcen la cabeza… su liberación está cerca.”

 


Y ahí, Señor, me detengo. Porque todos conocemos algo de esos días en los que la vida se rompe un poco: cuando algo se mueve bajo nuestros pies, cuando lo que creíamos seguro ya no lo es, cuando las noticias duelen, cuando las fuerzas no dan, cuando el alma parece pequeña. Y Tú, en lugar de pedirnos que nos escondamos, nos pides que miremos hacia Ti. Nos dices que levantemos la cabeza, no para negar lo que pasa, sino para recordar que no caminamos solos. Que aun cuando el mundo se sacude, Tu rostro sigue siendo firme, y Tu amor, inquebrantable.

 


Hoy esta Palabra llega a la antesala del Adviento…a estos días donde el corazón empieza a hacer espacio, a limpiar, a ordenar, como quien se prepara para una visita que puede cambiarle la vida. Y pienso que quizá eso es el Adviento: aprender a mirar de frente la realidad —la dura, la que duele, la que no controlamos—y aun así elegir esperar trabajando en mi propio interior, a tu estilo Oh Dios!

 

Esperar con la cabeza levantada, con los pies en la tierra, con el corazón despierto, como quien sabe que tú, Dios Fiel y Cariñoso siempre viene, aunque a veces llegues en silencio, o distinto a lo que imaginábamos. Tú Jesús, hoy, aquí y ahora, nos recuerdas que el final no es el caos, sino la liberación; que no es el miedo, sino la promesa; no es la oscuridad, sino el amanecer. Nos recuerdas que ahora, lo más valiente es seguir amando, seguir sosteniendo, seguir escuchando, seguir caminando, aunque haya signos que no entendemos del todo.

 


PAR TI QUE LEES, pregúntate — ¿Qué situaciones de mi vida hoy me hacen bajar la cabeza… y qué significa para mí levantarla delante de Dios? — ¿Qué “sacudidas” estoy viviendo y dónde descubro al Señor diciéndome: “No temas, estoy aquí”? — ¿Cómo quiero preparar mi corazón no sólo para este Adviento sino para mi día a día lo que dure mi vida aquí en la tierra: ¿Qué quiero soltar, ordenar, abrazar? — ¿Qué liberación necesito que Dios me ayude a nacer en mí?

 

DESPIERTA EL CORAZÓN… EL SEÑOR YA ESTÁ CERCA

 


“Tengan cuidado: no se les embote el corazón con los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de la vida… Velen y oren en todo momento.” Evangelio (Lc 21, 34-36)

 


Hay palabras de Jesús que no sólo se escuchan, sino que se sienten como una mano suave que toca el pecho y susurra: “Despierta…”

 


Jesús no nos pide que corramos más, ni que hagamos cosas extraordinarias. Nos invita a algo más esencial: cuidar el corazón, cuidar las propias entrañas, cuidar nuestro SER.

 


Porque el corazón —ese lugar secreto donde Dios habla— puede embotarse. No por maldad, sino por cansancio, por prisas, por preocupaciones que se vuelven demasiado pesadas, por heridas que no se sabe cómo cicatrizar. Sin darnos cuenta, el alma se llena de ruido… y entonces la vida pasa, pero no la habitamos, la tiramos, y nos envolvemos en telarañas que nosotros mismos fabricamos y que nos atrapan, nos esclavizan.

 


Y justo ahí, en ese punto donde nos sentimos distraídos o cargados, Jesús nos susurra:

“Velen… oren… manténganse despiertos.”



Esta palabra llega como un anticipo de Adviento, como si el Señor ya estuviera tocando la puerta por dentro, pidiendo espacio para nacer (RENACER) en lo profundo. Porque el Adviento que comienza no es un tiempo para “preparar cosas”, sino para prepararnos a nosotros, para despejar la cuna interior donde Cristo quiere nacer. Y esa cuna se limpia velando. Se ensancha orando. Se calienta amando. Amándonos primero como Dios lo ha hecho con nosotros y amar a la creación entera ayudando, cuidando a tanto ser vivo indefenso sin olvidar a los animalitos que tanto, pero tanto padecen en nuestras manos y cerebros tan egoístas.

 


Adviento es permitir que Dios despierte lo que está dormido en nosotros: la esperanza que se enfrió, la alegría que se apagó, la confianza que se desgastó, la ternura que olvidamos SER y dar.


Hoy Jesús nos pide algo muy concreto: no dejar que las preocupaciones nos roben la capacidad de amar y de esperar. No dejar que el alma se cierre. No dejar que el corazón se embote.

 


Velar… es vivir atentos a los pequeños movimientos de Dios en lo cotidiano: esa palabra que consuela, ese abrazo que sana, esa oportunidad de servir, esa persona que necesita tu mirada limpia, tu acogida, tu ayuda.

 


Orar… es permitir que el Espíritu respire dentro de ti y te devuelva la paz que habías perdido. Es dejar que Dios sea Dios y que tú seas en Él.

 

PREGÚNTATE y responde en un diario tuyo– ¿Qué peso, preocupación o distracción está embotando hoy mi corazón? – ¿Qué parte de mí necesita despertar para SER COMO JESÚS?